Hugo Chávez y el poder de la palabra
Caracas, Notitweets (Nacionales) - El vacío dejado por el liderazgo tradicional, el debilitamiento de los partidos políticos tradicionales, la creciente frustración de las expectativas de vastos sectores de la población, sumado a un liderazgo incuestionable, entre otras razones, promovieron su ascenso al poder en 1999.

Desde entonces, su figura no encontró inconvenientes para llegar en poco tiempo a coparlo todo en Venezuela. TODO.
El país no conocía desde hace mucho tiempo un liderazgo carismático como el suyo.
Seductor, estrafalario, resentido, agitador, encantador, provocador, payaso, loco fueron algunos de los calificativos que se le atribuyeron en vida. Se le amaba hasta la locura o se le odiaba hasta el desprecio. A nadie dejaba indiferente. Su llegada al poder abrió un periodo histórico – e histérico – para Venezuela.
Casi a diario, Hugo Chávez echaba mano de la palabra para tratar de convencer y persuadir al público de su punto de vista. Fue esa su mejor arma. Es evidente que conocía la carga emotiva que tienen las palabras y su poder para dominar y seducir. Cuando se le oía mencionar la palabra patria o la palabra burguesía o la palabra pueblo, en la mente de muchos venezolanos se disparaba una reacción emotiva. No interesaba siquiera que algunos términos estuvieran en desuso. Sabía que importaba más lo que la palabra evoca que su significado. En palabras de Antonio López Eire y Javier de Santiago Guervós podría decirse que Hugo Chávez aprendió a “pronunciar la palabra adecuada en el momento oportuno” hasta lograr que en 16 contiendas electorales y durante 14 años la mayoría en Venezuela se quedara a su lado.
“Es más importante muchas veces el recipiente que el contenido, lo que se ve o se oye que el contenido que transmite; lo externo, el significante, que lo interno, el significado“, añaden López y Guervós.
Cabe aquí también la afirmación de Felipe Mellizo, citado por López y Guervós en el libro Retórica y Comunicación Política, sobre la utilidad y la importancia que para un líder tiene la palabra: “No importa que desconozca la gramática, ni que tenga un marcado acento de Baviera, de Andalucía o de Texas, ni que arruine su lenguaje y el nuestro con su constante repetición de fórmulas confusas o el uso de formas gramáticales erróneas. No tiene por qué ser un purista. Su función en la sociedad es otra. Está en guerra con otros líderes como él, aunque diga cosas distintas. El líder se esfuerza por conquistarnos o persuadirnos. Y esta guerra le obliga a no tener piedad con las palabras, porque las palabras ya no pueden ser neutrales. Sólo el enemigo merece las injurias, porque sólo el enemigo está en el error (…) El líder no habla por hablar. Está buscando partidarios. Quiere que sus palabras entren bien en nuestro meollo, porque sabe que, si las repetimos, formamos ya parte de su equipo y colaboramos a su victoria. Por eso intenta poner en todo cuanto dice un poco de emoción, de sabiduría o de habilidad.Llega un momento entonces en que ya ni importa el sentido verdadero de los vocablos, sino su efecto acústico, su capacidad de producir impactos psicológicos sobre los oyentes, su energía para suscitar rayos polémicos y su sutileza para arbitrar disculpas“.
A juzgar por sus intervenciones, Hugo Chávez aprendió igualmente que “las metáforas también votan“, como dice José M. González García en el libro Metáforas del Poder, al parafrasear a George Lakoff cuando expresó en su Carta abierta a Internet que “Las metáforas pueden llegar a matar“.
González explica que “el poder creador de la metáfora origina mundos, influye en nuestra percepción y en nuestra conceptualización de la realidad e impulsa a la acción”.
La idea de patria como una entidad concreta (como persona) era frecuente en sus discursos. La patria era más que el suelo donde se nace, “es el hombre“, decía. Y, por lo tanto, debemos entender que somos tú, yo y todos nosotros; que la patria se llama María, Jesús, Juan, Pedro, Cecilia, Antonio; que también es herida, tristeza, alegría, placer, sueños y a la que se debe amor incondicional y lealtad.
“Hoy tenemos la patria más viva que nunca, ¡cuánto costó recuperarla!“, expresaba en sus últimas alocuciones. No está demás recordar que el slogan de su última campaña presidencial fue “Chávez, Corazón de mi patria”.
Hugo Chávez parecía saber de sobra que para asegurarse mediante la palabra el favor del público debía manejar y compartir los rituales, las fórmulas, las concepciones del mundo, las convicciones, los valores y comportamientos sociales de sus interlocutores. “El orador que pretenda comunicarse con eficacia y con elocuencia deberá conocer los mecanismos mediante los cuales se despiertan, se orientan, se alimentan y se serenan las emociones“, afirma Guervós en el libro Principios de comunicación persuasiva.
En Venezuela hemos estado por demasiados años bajo el fuego de la oratoria flamígera de Hugo Chávez, rotunda, vigorosa, segura de sí misma, en muchas ocasiones hiriente y ofensiva, marcada por la vitalidad y la convicción, capaz de entusiasmar, conmover y seducir.
No será fácil acostumbrarse a otro estilo.
En cualquier caso, se mire por donde se mire, con su muerte se apaga la voz de uno de los más potentes oradores de la historia contemporánea de Venezuela.
Cortesía Ciruelacomunicaciones.com


